jueves, 12 de noviembre de 2015

[12/11/15]

   Gonzalo de Aguilera fue el oficial de prensa de Franco y Mola. Con semejantes apellidos no parece difícil hacer una buena labor de marketing, basta con repetirlos en un eslogan: "Franco es franco y Mola mola", y ya está, no digas más, no des más explicaciones que las cosas sólo pueden ir a peor, tío. Pero resulta que era de los incontinentes, y en lugar de duplicar los apellidos triplicó el verbo: "matar, matar y matar". Éso es lo que aseguró que iban a hacer. "Nuestro programa consiste en exterminar a un tercio de la población masculina de España". ¡Toma buena prensa! ¿Tú te crees que se pueden ganar unas votaciones así? Suerte tuvieron de que aquello fuese una campaña bélica y no electoral, que si no... Y encima, para colmo, tenía la nefasta costumbre de explicar sus teorías a los periodistas extranjeros. Sus teorías eran la caña, ojo, una de ellas sostenía que había que liquidar a los limpiabotas, a TODOS los limpiabotas, y otra que la culpa de lo que sucedía en España la tenían las alcantarillas. Así como suena: las alcantarillas. Decía que interferían con la voluntad de dios, y que cuando ganasen la guerra "serían destruidas". Las cloacas, los limpiabotas, la tercera parte de la población masculina... Todo lo que pillasen por delante, vamos. Gonzalo de Aguilera inauguró la tradición de portavoces incompetentes de la derecha española contemporánea. Porque a ver, no seré yo quien sostenga que la derecha es una buena opción, ¿pero realmente es tan mala? En serio, tienen un elenco de comunicadores que no sabe uno de dónde los han sacado, y sobre todo para qué, ya que tengo la convicción de que si se callasen ganarían apoyos. Pones ante las cámaras a Miguel Ángel Rodríguez, a Floriano, a Rafael Hernando, etc., y les dices que mutis, que chitón, que sólo sonrían... y diez puntos que has subido en las encuestas, fijo. "Es que yo creo que quizá nos falta piel...". "¡Que no!¡Que achantes el mirlo!"... De verdad, ¿es que no se dan cuenta? ¿No los ven?¿No los escuchan?... Porque a ver si va a ser éso...

miércoles, 11 de noviembre de 2015

[11/11/15]

   Una noticia, se supone, es la divulgación de algo antes desconocido. La comunicación de una novedad. Hace apenas tres días por ejemplo no éramos conscientes de estar pagando las facturas de la luz de Esperanza Aguirre, y ahora incluso sabemos que tiene una garita en casa - aunque a juzgar por el importe de las facturas debe de ser más bien un garito de esos con bolón giratorio en el techo y focos láser. A veces, eso sí, las noticias amplían o matizan otras previas. No son del todo recientes. Cuando leemos que algún alevín Pujol ha hecho algo alevoso en Panamá ya no nos sorprende en absoluto; sólo cambia la cifra de millones y el nombre de la empresa pantalla, pero poco más en nuestra percepción y conocimiento de los chanchullos del clan, del cataclán o como se diga. Lo llamativo es cuando el titular hace referencia a alguna obviedad recurrente. Cuando se repite un día tras otro lo mismo, como un mantra, hasta el punto de que ya nos lo sabemos de memoria. Que Rajoy abogue por la unidad de España... ¿es una noticia?. En serio, ¿hay alguien que no lo sepa todavía o que no lo haya oído nunca? Si hiciésemos uno de esos tests de "sí", "no" y "a veces", el 100% de los españoles sabría qué casilla marcar en relación a Rajoy y la unidad de España, y si alguien por casualidad pusiese una cruz en la de "no sabe, no contesta", no sería por ignorancia, sino por no querer contestar de puro hastío, de aburrecimiento o como se diga. Y lo mismo es aplicable a Mas y la independencia. La noticia de verdad se produce cuando hay algo que cambia, que es distinto o insospechado. Si no, no se está informando, se está incidiendo, machacando, dando la chapa. Implantando un discurso, o como prefieren decir los periodistas "creando opinión" - que ya hay que tener morro para reconocerlo encima -. O, en muchos casos, apuntalando la que ya existe, no vaya a ser que cambie. Que la gente se ponga un día a pensar por su cuenta y se líe.

jueves, 5 de noviembre de 2015

[6/11/15]

   Estos días se escucha bastante que en la guerra civil no hubo "ni vencedores ni vencidos". Vaya, tenía para mí que ésto era sólo aplicable a la transición, a lo que ha dado en llamarse el espíritu de la transición, aunque por lo visto a la guerra también. Nadie ganó y nadie perdió: tal es la versión oficial ahora, y quien diga lo contrario es un pérfido agitador, alguien capaz de joderle hasta el cacharro a James Bond. Cualquier día nos dirán que todo fue una broma, damas y caballeros, un conflicto rodado en unos estudios. Ayer precisamente estuve leyendo una biografía de Julián Besteiro. Como personaje no fue uno de los menos implicados en la tangana, representaba a la facción más moderada del PSOE y casi que también a eso que se conoce como "la tercera España", o sea, la que estaba en medio de las otras dos mientras se zurraban, intentando separarlas o más bien unirlas de algún modo. Cuando el frente republicano cayó y empezó el éxodo masivo de "no vencidos que se piraban con sus bártulos a conocer el extranjero", fue el único alto cargo que optó por permanecer en España. "(...) La gran mayoría, las masas numerosas, ésas no podrán salir de aquí, y yo, que he vivido siempre con los obreros, con ellos seguiré y con ellos me quedo. Lo que sea de ellos será de mí". Así explicó su decisión. Con casi setenta años y bastante enfermo de tuberculosis decían que se había vuelto un poco "gagá", que era ya como un cadáver que fumaba y que, a pesar de ser un lógico distinguido, catedrático nada menos de la materia, ya le había perdido bastante la pista al asunto: que en realidad consideraba que sus esfuerzos por la concordia y la paz - demostrables con testimonios - serían tenidos en cuenta por los "no vencedores que fusilaban a la peña en masa". Bueno, de hecho lo fueron. El fiscal, un teniente coronel, le calificó como un hombre "honesto", sin delitos de sangre encima, y luego solicitó para él la pena de muerte. El argumento era que, precisamente, su moderación y sus esfuerzos conciliadores habían hecho las teorías socialistas más apetecibles, más aceptables a ojos de la gente, que era algo tan malo, si no peor en cuanto a resultados a la larga, que ser un extremista sanguinario. Retorcido, ¿verdad? Aunque desde el punto de vista de un anti socialista furibundo tiene mucho sentido, hay que admitirlo. Cuando lo que se pretende es que algo no suceda, o no se repita, las versiones ligeras, amables del tema, son las más peligrosas. Son las que convencen, las que encandilan al personal, creando la ilusión intelectual de que algo absolutamente arbitrario y cruel puede contener en el fondo un poso de justicia. De que existe, por ejemplo, un equilibro entre la gente que mata y la gente que muere, una equidistancia entre ambas partes de la lógica y hasta de la ética. Una especie de limpieza y hasta de asepsia, por así decirlo, en los cadáveres.

lunes, 2 de noviembre de 2015

[3/11/15]

   Tiene su guasa que uno de los cargos del partido comunista se apellide Llamazares. Parece casi un apodo: Vladimir "Matazares" Ivanovich, aunque adaptado a los tiempos que corren, donde lo que prima es la comunicación, llamarse unos a otros para acercar posturas y hacer declaraciones conjuntas. Estos días los móviles están que arden con el asunto catalán. No sabe uno ya si son llamadas o llamaradas lo que se oye. Aunque a Gaspar, que yo sepa, no le han dejado ni una perdida. Ostracismo total. Menos mal que es sólo política y no una "party line", que si no menudo bajón. El más popular de todos es sin duda Albert Rivera. Seguro que él lo negaría, pero todos sabemos que es verdad. La gente se muere por llegar a consensos, por salir con él en la foto, como si fuese el quarterback del instituto, el que mejor lanza las bolas. Las encuestas no dicen todavía con claridad quién será la pareja ganadora, el rey y la reina del baile, aunque es evidente que él tiene todas las cartas y los whatsapps para ser media naranja, o la mitad naranja en su caso. ¿Será Rajoy reina? Quién sabe. Que ganas no le faltan es seguro, si bien habrá que esperar los resultados para ver. Muchos dicen que ponerse a su lado ya equivale a bailar con la más fea, y si algo no se puede negar de Pedro Sánchez es que tiene buena planta. Y por lo que se refiere a Pablo Iglesias (que también vaya apellido, o nombre completo, vamos) no acabo de verlo. Me pega más en el papel de gamberro pastelero. El típico que hace explotar la tarta o prepara alguna trastada más o menos simpática para la fiesta de la democracia, que tanto se parece ya en este país a una de esas "venganzas de los empollones". Y hasta puede que lo sea en el fondo, oye. No digo que no.