jueves, 12 de noviembre de 2015

[12/11/15]

   Gonzalo de Aguilera fue el oficial de prensa de Franco y Mola. Con semejantes apellidos no parece difícil hacer una buena labor de marketing, basta con repetirlos en un eslogan: "Franco es franco y Mola mola", y ya está, no digas más, no des más explicaciones que las cosas sólo pueden ir a peor, tío. Pero resulta que era de los incontinentes, y en lugar de duplicar los apellidos triplicó el verbo: "matar, matar y matar". Éso es lo que aseguró que iban a hacer. "Nuestro programa consiste en exterminar a un tercio de la población masculina de España". ¡Toma buena prensa! ¿Tú te crees que se pueden ganar unas votaciones así? Suerte tuvieron de que aquello fuese una campaña bélica y no electoral, que si no... Y encima, para colmo, tenía la nefasta costumbre de explicar sus teorías a los periodistas extranjeros. Sus teorías eran la caña, ojo, una de ellas sostenía que había que liquidar a los limpiabotas, a TODOS los limpiabotas, y otra que la culpa de lo que sucedía en España la tenían las alcantarillas. Así como suena: las alcantarillas. Decía que interferían con la voluntad de dios, y que cuando ganasen la guerra "serían destruidas". Las cloacas, los limpiabotas, la tercera parte de la población masculina... Todo lo que pillasen por delante, vamos. Gonzalo de Aguilera inauguró la tradición de portavoces incompetentes de la derecha española contemporánea. Porque a ver, no seré yo quien sostenga que la derecha es una buena opción, ¿pero realmente es tan mala? En serio, tienen un elenco de comunicadores que no sabe uno de dónde los han sacado, y sobre todo para qué, ya que tengo la convicción de que si se callasen ganarían apoyos. Pones ante las cámaras a Miguel Ángel Rodríguez, a Floriano, a Rafael Hernando, etc., y les dices que mutis, que chitón, que sólo sonrían... y diez puntos que has subido en las encuestas, fijo. "Es que yo creo que quizá nos falta piel...". "¡Que no!¡Que achantes el mirlo!"... De verdad, ¿es que no se dan cuenta? ¿No los ven?¿No los escuchan?... Porque a ver si va a ser éso...

miércoles, 11 de noviembre de 2015

[11/11/15]

   Una noticia, se supone, es la divulgación de algo antes desconocido. La comunicación de una novedad. Hace apenas tres días por ejemplo no éramos conscientes de estar pagando las facturas de la luz de Esperanza Aguirre, y ahora incluso sabemos que tiene una garita en casa - aunque a juzgar por el importe de las facturas debe de ser más bien un garito de esos con bolón giratorio en el techo y focos láser. A veces, eso sí, las noticias amplían o matizan otras previas. No son del todo recientes. Cuando leemos que algún alevín Pujol ha hecho algo alevoso en Panamá ya no nos sorprende en absoluto; sólo cambia la cifra de millones y el nombre de la empresa pantalla, pero poco más en nuestra percepción y conocimiento de los chanchullos del clan, del cataclán o como se diga. Lo llamativo es cuando el titular hace referencia a alguna obviedad recurrente. Cuando se repite un día tras otro lo mismo, como un mantra, hasta el punto de que ya nos lo sabemos de memoria. Que Rajoy abogue por la unidad de España... ¿es una noticia?. En serio, ¿hay alguien que no lo sepa todavía o que no lo haya oído nunca? Si hiciésemos uno de esos tests de "sí", "no" y "a veces", el 100% de los españoles sabría qué casilla marcar en relación a Rajoy y la unidad de España, y si alguien por casualidad pusiese una cruz en la de "no sabe, no contesta", no sería por ignorancia, sino por no querer contestar de puro hastío, de aburrecimiento o como se diga. Y lo mismo es aplicable a Mas y la independencia. La noticia de verdad se produce cuando hay algo que cambia, que es distinto o insospechado. Si no, no se está informando, se está incidiendo, machacando, dando la chapa. Implantando un discurso, o como prefieren decir los periodistas "creando opinión" - que ya hay que tener morro para reconocerlo encima -. O, en muchos casos, apuntalando la que ya existe, no vaya a ser que cambie. Que la gente se ponga un día a pensar por su cuenta y se líe.

jueves, 5 de noviembre de 2015

[6/11/15]

   Estos días se escucha bastante que en la guerra civil no hubo "ni vencedores ni vencidos". Vaya, tenía para mí que ésto era sólo aplicable a la transición, a lo que ha dado en llamarse el espíritu de la transición, aunque por lo visto a la guerra también. Nadie ganó y nadie perdió: tal es la versión oficial ahora, y quien diga lo contrario es un pérfido agitador, alguien capaz de joderle hasta el cacharro a James Bond. Cualquier día nos dirán que todo fue una broma, damas y caballeros, un conflicto rodado en unos estudios. Ayer precisamente estuve leyendo una biografía de Julián Besteiro. Como personaje no fue uno de los menos implicados en la tangana, representaba a la facción más moderada del PSOE y casi que también a eso que se conoce como "la tercera España", o sea, la que estaba en medio de las otras dos mientras se zurraban, intentando separarlas o más bien unirlas de algún modo. Cuando el frente republicano cayó y empezó el éxodo masivo de "no vencidos que se piraban con sus bártulos a conocer el extranjero", fue el único alto cargo que optó por permanecer en España. "(...) La gran mayoría, las masas numerosas, ésas no podrán salir de aquí, y yo, que he vivido siempre con los obreros, con ellos seguiré y con ellos me quedo. Lo que sea de ellos será de mí". Así explicó su decisión. Con casi setenta años y bastante enfermo de tuberculosis decían que se había vuelto un poco "gagá", que era ya como un cadáver que fumaba y que, a pesar de ser un lógico distinguido, catedrático nada menos de la materia, ya le había perdido bastante la pista al asunto: que en realidad consideraba que sus esfuerzos por la concordia y la paz - demostrables con testimonios - serían tenidos en cuenta por los "no vencedores que fusilaban a la peña en masa". Bueno, de hecho lo fueron. El fiscal, un teniente coronel, le calificó como un hombre "honesto", sin delitos de sangre encima, y luego solicitó para él la pena de muerte. El argumento era que, precisamente, su moderación y sus esfuerzos conciliadores habían hecho las teorías socialistas más apetecibles, más aceptables a ojos de la gente, que era algo tan malo, si no peor en cuanto a resultados a la larga, que ser un extremista sanguinario. Retorcido, ¿verdad? Aunque desde el punto de vista de un anti socialista furibundo tiene mucho sentido, hay que admitirlo. Cuando lo que se pretende es que algo no suceda, o no se repita, las versiones ligeras, amables del tema, son las más peligrosas. Son las que convencen, las que encandilan al personal, creando la ilusión intelectual de que algo absolutamente arbitrario y cruel puede contener en el fondo un poso de justicia. De que existe, por ejemplo, un equilibro entre la gente que mata y la gente que muere, una equidistancia entre ambas partes de la lógica y hasta de la ética. Una especie de limpieza y hasta de asepsia, por así decirlo, en los cadáveres.

lunes, 2 de noviembre de 2015

[3/11/15]

   Tiene su guasa que uno de los cargos del partido comunista se apellide Llamazares. Parece casi un apodo: Vladimir "Matazares" Ivanovich, aunque adaptado a los tiempos que corren, donde lo que prima es la comunicación, llamarse unos a otros para acercar posturas y hacer declaraciones conjuntas. Estos días los móviles están que arden con el asunto catalán. No sabe uno ya si son llamadas o llamaradas lo que se oye. Aunque a Gaspar, que yo sepa, no le han dejado ni una perdida. Ostracismo total. Menos mal que es sólo política y no una "party line", que si no menudo bajón. El más popular de todos es sin duda Albert Rivera. Seguro que él lo negaría, pero todos sabemos que es verdad. La gente se muere por llegar a consensos, por salir con él en la foto, como si fuese el quarterback del instituto, el que mejor lanza las bolas. Las encuestas no dicen todavía con claridad quién será la pareja ganadora, el rey y la reina del baile, aunque es evidente que él tiene todas las cartas y los whatsapps para ser media naranja, o la mitad naranja en su caso. ¿Será Rajoy reina? Quién sabe. Que ganas no le faltan es seguro, si bien habrá que esperar los resultados para ver. Muchos dicen que ponerse a su lado ya equivale a bailar con la más fea, y si algo no se puede negar de Pedro Sánchez es que tiene buena planta. Y por lo que se refiere a Pablo Iglesias (que también vaya apellido, o nombre completo, vamos) no acabo de verlo. Me pega más en el papel de gamberro pastelero. El típico que hace explotar la tarta o prepara alguna trastada más o menos simpática para la fiesta de la democracia, que tanto se parece ya en este país a una de esas "venganzas de los empollones". Y hasta puede que lo sea en el fondo, oye. No digo que no.

viernes, 30 de octubre de 2015

[30/10/15]

   Ayer compré en la cuesta de Moyano un libro sobre las guerras púnicas. Como tinglado es mucho más interesante que el hispano-catalán, tan actual él, y no digamos ya que la operación homónima, cuyos protagonistas no le llegan a la suela de la sandalia a un Aníbal o un Catón. Además, desde el punto de vista ultrapatriótico, siempre tan de moda también, es innegable que el conflicto afectó en la práctica a muchos más españoles que el que tenemos ahora machaconamente en los medios. Buena parte del ejército de Cartago (en su mayoría mercenario, al contrario que el romano hasta la reforma posterior de Mario) estaba compuesto por personal de aquí, de la península, que como de costumbre se había metido en las tanganas de las potencias como figurantes, pero sin figurar del todo en realidad. Una Esperanza Aguirre de entonces habría dicho: "Ni Hispania ni yo estuvimos en las púnicas", o algo parecido. Pero en fin... que sí. Ya en la época se gritaba visca el Barca en el noreste, refiriéndose al célebre general cartaginés, y la gente se zurraba por ficciones interesadas, por supuestos desplantes y agravios que no ocultaban más que un deseo de hegemonía mediterránea de la aristocracia correspondiente. Vamos, un poco lo que hay hoy, aunque con mucha más acción, donde va ud. a parar, cuatrirremes y elefantes, ¡la caballería númida al ataque!, y la ventaja de que como lo cuentan historiadores dos mil y pico años después y no periodistas a sueldo pues la trama encaja mucho mejor. Se comprenden los "casus belli". O sea que, si quiere dejar volar la imaginación con un buen espectáculo, déjese de payasadas sin sustancia sobre Mas y Rajoy y consuma guerras púnicas, que éstas sí que no defraudan. Es mi consejo.

jueves, 29 de octubre de 2015

[29/ 10/15]

   Un tal Godofredo ha montado una escuela nazi. Nombre de vándalo hay que reconocer que lo tiene, aunque viéndolo parece más un alias que una reminiscencia aria. Hitler habría masacrado sin pestañear a un sujeto así y a toda su aldea, vamos. El centro se llama "Augusto Pinochet Ugarte", y en él se enseñarán arte nazi, historia de la medicina en Chile y "anamofisiología [sic] humana". Menudas combinaciones; podría enseñar a preparar cócteles también, seguro que se apuntaría más gente. Cubatas nazis, sin mezclas, todo a palo seco y con gas. Tengo la impresión de que a la peña se le está yendo un poco la pinza últimamente con esto de hacerse emprendedores a la fuerza. Se abren unas tiendas rarísimas, pretendidademente originales y distintas a todas, pero de utilidad más que cuestionable y muy corta trayectoria por lo general. De submarinos de alambre, de flores de plastilina, de muñecas descuajeringadas, de cachivaches inservibles... Un poco como esa cadena llamada "Basura" que había abierto Reginald Perrin en aquella magnífica serie británica, sólo que en la vida real. En Malasaña ya es como una invasión, en serio. Aunque desde luego lo de la academia nazi se lleva la palma, con semejantes asignaturas además. ¿Por qué no alemán, Godofredo? ¿Qué tienen de malo las clases de alemán? Mucha gente paga bien por aprender idiomas, tío, y son útiles y tal... ¿No lo has pensado? Cursos de alemán con grandes descuentos y actividades de verano y todo el percal. Como concepto es bastante más conservador, vale, pero es que los nazis sois muy conservadores, Godofredo, no lo olvides. ¿O es que no lo sabes?

sábado, 17 de octubre de 2015

[17/10/15]

   Estos días el blanco de la majería militante o incluso militar es Willy Toledo. Willy es hoy por hoy un actor despeñado (o sea, al que le han quitado la peña) y sin ningún cargo político que yo sepa, aunque cada vez que abre la boca es como si Pavlov les encendiese la bombilla de ladrar a lo bestia a los chuchos del laboratorio. Se desata la jauría. Hasta hace poco era Trueba el que lideraba el ranking de todo este odio "versión española", aunque el señor Toledo se ha convertido en un clásico de la prensa reaccionaria a la altura de García Serrano (sénior) o el peñazo de Gibraltar, y no resulta, por tanto, fácil de desbancar durante demasiado tiempo. Siempre acaba volviendo, si no al celuloide y los teatros a las neuronas del ciudadano bien informado, que viene a ser un poco lo mismo. De hecho tengo para mí que hasta está empezando a eso que se llama "crear tendencias". No las que a él le gustaría, me temo, pero sí entre los tubers o lo que sean, que últimamente se despachan a gusto en sus vídeos poniéndolo a parir. Aparte de las habituales cartas abiertas y artículos airados, parece que está saliendo la moda de ponerse a desbarrar contra Willy Toledo en la webcam. Utilizando los más sofisticados recursos de la fantasía además: cagándose en su madre o untando una foto suya en mierda (ya dije que era "versión española", lo siento). Bien pensado, es un tipo que ha adquirido una mayor notoriedad ejerciendo de actor incorrecto que de actor profesional. Ni en la cumbre de su carrera obtenía tantos titulares, tanta atención, y una respuesta tan apasionada y hasta visceral en toda su extensión del público. Da la impresión de que él en persona es su gran personaje, superando en relevancia con mucho a cualquiera de los que ha interpretado, que nunca emocionaron ni sacudieron así al personal. No sé si estamos ante un salto evolutivo en el mundo de la escenografía o qué, habrá que preguntar a los medios que tanto se ocupan de sus actos, que quizá han intuido este cambio conceptual en lo dramático y aún no saben formularlo del todo. O a sus seguidores, que ahora son legión, o de la legión incluso. Pero hay algo que está claro: un "Encarcelad a Willy" arrasaría en los Goya. Os lo digo yo. Y al primero de marketing que se le ocurra hacer muñecos suyos de goma para darles de hostias en casa se forra. Lo nombran emprendedor del año.      

jueves, 15 de octubre de 2015

[15/10/15]

   Estos días se oye hablar mucho de "genocidio"; se discute sobre si la conquista de América lo fue o no. Salen datos de todo tipo: las graves epidemias que hubo (tifus, paperas, difteria, sarampión y hasta gripe) y que en efecto causaron estragos; definiciones precisas de la RAE sobre el término en cuestión; fragmentos de algún texto renacentista que demuestra sin lugar a dudas lo mucho que se preocupaban los Austrias porque se les diese un trato cristiano a los nativos... Cualquier cosa con tal de dejar claro que, aunque hubo matanzas y se cometieron barbaridades, no fue técnicamente un genocidio. Sería muchas cosas pero éso no, malditos progres. La verdad es que la palabra se las trae. Por ahí tengo un libro: "El siglo de los genocidios", de Bernard Bruneteau, donde entre otras muchas cosas analiza los equívocos que ha producido muchas veces, al confundir el personal lo que pueden ser sucesos muy trágicos con lo que es un genocidio en realidad. Legalmente hablando. Porque para que éste se dé, es necesario que exista un plan, una voluntad clara y deliberada de exterminar a un determinado grupo. Si no, no vale. Por ejemplo, si bloqueas el suministro de alimentos a los biafreños porque te parecen una tribu detestable y quieres que desaparezcan todos, es un genocidio. En cambio, si te quedas con las cosechas de los biafreños o arruinas sus sembrados porque te resulta rentable, no. Los resultados en cuanto a muertes pueden ser los mismos, pero hay un matiz que los separa. La buena o mala voluntad de quien condena a la hambruna en este caso. Por lo tanto, si opinas que los biafreños son superétnicos y muy educados, y luego les riegas las tierras con aceites tóxicos que te sobran, puedes hacerlo con la conciencia bien tranquila, ya que no eres un genocida. Es lo que digas y no lo que hagas lo que marca la diferencia. Estate tranquilo. Podemos salir a celebrarlo con orgullo.  

domingo, 4 de octubre de 2015

[4/10/15]

   Una de las profesiones que más auge está cobrando es la de "asesor verbal". Eso por no hablar de lo que están cobrando quienes la ejercen. Menos de cuatro cifras por charleta es un insulto, y las copas aparte, por supuesto, que yo sin unos whiscazos encima no asesoro, pollo. No suena mal. Imagino que habrá que estar muy preparado. Si le estás pagando a un tipo 40.000 al mes y luego las asesorías son un ful menuda gracia. Te quedaste sin chalé y filipinos. Y encima, si no se escribe nada, porque todo es verbal, a ver cómo reclamas si te la arman. Porque que yo sepa no existe ningún código deontológico para asesores verbales, ni convenio ni nada. Algunos serán muy honrados, no digo que no, pero otros habrá con la moral más morcillona que te la peguen al menor descuido. Y a ver que haces si, por ejemplo, el día de la asesoría no se presenta, te deja ahí plantado sin asesorar y sin parte médico ni nada. Por la puta cara. Imagínate: le acabas de ingresar 40.000 pepinos en América Central a un conglomerado fantasma y el tío no aparece, ni llama ni hostias. ¿Le habrá pasado algo?, es lo que piensas. Pero joder, ya llevas cuatro cafés y empiezas a ponerte muy nervioso. Me cago en dios, 40.000 euros... que me los va a tangar este camándula de la corbata. Miras el reloj de la barra: casi las ocho, y habíais quedado a las siete. Su teléfono "apagado o fuera de cobertura" permanentemente. Ni un mensaje, ni un watsapp... NADA. Te la ha jugado... ¿y  ahora qué? ¿vas a ir al juzgado? ¿con qué pruebas? ¿no puede decir que ya te la dio ayer la asesoría? Es su palabra contra la tuya, y no olvides que es asesor verbal profesional, un pico de oro. Mucho cuidado...

viernes, 2 de octubre de 2015

[2/10/15]

   Agitar banderas con datos de la wikipedia suele producir cócteles indigeribles. Muchos tienen en quien los consume, o los consuma, efectos muy similares al de las bebidas espirituosas: los emborracha con el espíritu de sus naciones, con una falsa omnisciencia que puede convertir cualquier suposición más o menos verosímil, pero siempre imposible de verificar, en uno de esos dogmas subjuntivos y unitarios sobre patrias que hubieran o hubiesen sido de tal manera si... (aquí se puede añadir cualquier pedo que a uno se le ocurra). La Historia nada tiene que decir de lo que nunca ha sucedido; su función es más bien la opuesta. Se basa en fuentes legítimas y evidencias, y no en presagios de videntes y demás. Si ya es más que cuestionable que se pueda adivinar el futuro, no digamos el futuro de pasados paralelos, imaginarios, o cualquiera de esas pajas mentales que circulan por ahí barnizadas de academicismo y conocimientos objetivos. Una de las excusas más recurrentes para justificar el golpe de estado de Franco, por ejemplo, es "lo que habría sucedido si España hubiese seguido siendo una república"... Evidentemente nadie lo sabe, ni lo puede saber o contrastar de ningún modo, porque las variables son demasiadas, por no hablar de los imprevistos y otras potencias, aunque los hay que te hablan de Stalin paseando a caballo por la Castellana apelando al "rigor histórico" y se quedan tan anchos, como si sus fantasías tuviesen consistencia más allá del mero entretenimiento. Según tengo entendido eso se llama esquizofrenia y no historiografía. Lo más lamentable es que demasiado a menudo se da pábulo a estos chamanes, y hasta se les califica como "voces autorizadas". Los ves ahí, en la tele, con la jeta circunspecta y carraspeando antes de soltar la traca: "Bueno, sí... Mmmm". Así. En tribus supuestamente menos civilizadas, por lo menos, les ponen un gorro de plumas y les dan un par de maracas del cocotero, para que el personal se vaya haciendo a la idea de que lo que van a exponer igual suena un poco raro, o incluso bailan y entonan cánticos o no sé... tienen su punto. Animan a las ánimas, y hasta te dan unos chupitos para el viaje. Es otro rollo, vamos. Pero aquí no hay manera: siempre los mismos carajaulas interpretando los sueños, a los antepasados en su otro universo, y sin pasar ni una caladita. Lo llaman progreso pero yo creo que es más bien tacañería.  

jueves, 1 de octubre de 2015

[1/10/15]

   Ayer leí un artículo de un "doctor en historia" (así exigía a los comentaristas espontáneos que se dirigiesen a él, porque por lo visto en Alemania es el tratamiento correcto) sobre el famoso discurso de Trueba. Le reprochaba en concreto una afirmación en la que decía que al leer libros de historia le daba pena que España hubiese ganado la Guerra de Independencia, y por supuesto le rebatía semejante emoción - porque no había en ella ningún argumento en realidad - aportando toda una ristra de datos sobre las barbaridades bonapartistas, que no fueron pocas, y la cantidad de españoles que dieron su vida en el tinglado, aparte de las consabidas calificaciónes o descalificaciones de "progre", "falsificador de la historia" y demás. Sólo faltó la de "afrancesado", vamos. Para empezar, yo no veía ninguna falsedad en las palabras de Trueba, salvo que fuese falsa su pena, en cuyo caso estaríamos en el terreno de la psiquiatría y no de la historia. Más que el rigor de sus declaraciones, daba la impresión de que lo que estaba juzgando el doctor (Quevedo escribió mucho y bien sobre tipos así) era el de su patriotismo, actividad ésta que parece que últimamente se está volviendo a poner de moda. Toda esta fobia napoleónica se extiende como la pólvora, atacando en masa a cualquiera que ose sostener que no se "siente español", como si no fuese bastante labor ya el serlo. En el "Viaje" de Céline hay un personaje, Bestombes, un doctor también, que cura a todos los tarados y despojos del ejercito francés durante la Primera Guerra Mundial a base de patriotismo. Les insufla amor a la patria como si fuesen vitaminas, un reconstituyente, y a los que manifiestan un ardor nacional más elevado les dice que están haciendo "progresos extraordinarios" en su docta opinión. Hilvana toda clase de teorías esperpénticas sobre el asunto, con pinceladas de fundamentos médicos mezclados con toda clase de delirios para convencerles de que la guerra no sólo no es mala, sino que se trata de un "revelador del espíritu humano", de las "riquezas emotivas" del hombre... Así que no hay que apenarse nunca... ¿apenarse por qué? Las guerras hay que verlas con orgullo y alegría, según el doctor.
[28/9/15]

   Bueno, ya han pasado las elecciones cantamañanas. La gente ya ha expresado las tribulaciones de sus tribus, cantado y bailado según la formación, y hasta el inefable SuperCat parecía feliz sin haberse obviamente medicado. Me alegro. Aquí en Madrid algunos salieron a entonar el "Cara al sol" de noche, que es cuando más apetece. A extender sus trapos y que se extendiesen sus trepas, para no ser menos que los otros - aunque numéricamente dio la impresión de que lo eran, las cosas como son -. Todo este tira y afloja existe como mínimo desde Felipe IV, cuando el Conde-duque quiso sacar adelante aquella original Unión de Armas y se armó - o en fin, no tanto como él esperaba, depende de cómo se mire - con las Cortes Catalanas de entonces. Y así hasta hoy, con algunos descensos pero sin apenas descanso... Podría decirse que el llamado "problema catalán" es una de las más antiguas tradiciones de este país. Celebrarlo, por tanto y por tantos, no me parece mal, aunque creo que sí debería potenciarse más desde un punto de vista turístico tal y como están las cosas. Para hacer caja además de descojonarse. Este año - y luego dicen que Rajoy no lo interpreta bien - ya han traído a algunos líderes extranjeros para intervenir, y por todo el mundo se ha hecho promoción, con apariciones televisivas, declaraciones oficiales y etc., lo cual invita al optimismo en ese sentido. Si todo va bien, puede que los guiris empiecen a animarse a participar, a sentir la emoción del sí o el no a flor de piel y por su puesto ponerse hasta la bola de cava al acabar. El incremento de los ingresos en barras, barretinas y barrilas varias, sumado al de festejos aledaños y aldeanos, podría ser considerable, y España, además, conseguiría ser pionera en un sector todavía por descubrir: el turismo político. Todo ventajas, vamos, y con las atracciones más estimulantes: desde Karmele haciendo el canelo hasta señores de la meseta diciendo no se sabe muy bien qué en un idioma que desconocen. Y siempre con la eterna pregunta flotando en el aire... ¿quién cree ud. que va a ganar? Si aún no se admiten porras no creo que tarden.