[1/10/15]
Ayer leí un artículo de un "doctor en historia" (así exigía a los comentaristas espontáneos que se dirigiesen a él, porque por lo visto en Alemania es el tratamiento correcto) sobre el famoso discurso de Trueba. Le reprochaba en concreto una afirmación en la que decía que al leer libros de historia le daba pena que España hubiese ganado la Guerra de Independencia, y por supuesto le rebatía semejante emoción - porque no había en ella ningún argumento en realidad - aportando toda una ristra de datos sobre las barbaridades bonapartistas, que no fueron pocas, y la cantidad de españoles que dieron su vida en el tinglado, aparte de las consabidas calificaciónes o descalificaciones de "progre", "falsificador de la historia" y demás. Sólo faltó la de "afrancesado", vamos. Para empezar, yo no veía ninguna falsedad en las palabras de Trueba, salvo que fuese falsa su pena, en cuyo caso estaríamos en el terreno de la psiquiatría y no de la historia. Más que el rigor de sus declaraciones, daba la impresión de que lo que estaba juzgando el doctor (Quevedo escribió mucho y bien sobre tipos así) era el de su patriotismo, actividad ésta que parece que últimamente se está volviendo a poner de moda. Toda esta fobia napoleónica se extiende como la pólvora, atacando en masa a cualquiera que ose sostener que no se "siente español", como si no fuese bastante labor ya el serlo. En el "Viaje" de Céline hay un personaje, Bestombes, un doctor también, que cura a todos los tarados y despojos del ejercito francés durante la Primera Guerra Mundial a base de patriotismo. Les insufla amor a la patria como si fuesen vitaminas, un reconstituyente, y a los que manifiestan un ardor nacional más elevado les dice que están haciendo "progresos extraordinarios" en su docta opinión. Hilvana toda clase de teorías esperpénticas sobre el asunto, con pinceladas de fundamentos médicos mezclados con toda clase de delirios para convencerles de que la guerra no sólo no es mala, sino que se trata de un "revelador del espíritu humano", de las "riquezas emotivas" del hombre... Así que no hay que apenarse nunca... ¿apenarse por qué? Las guerras hay que verlas con orgullo y alegría, según el doctor.
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