[30/10/15]
Ayer compré en la cuesta de Moyano un libro sobre las guerras púnicas. Como tinglado es mucho más interesante que el hispano-catalán, tan actual él, y no digamos ya que la operación homónima, cuyos protagonistas no le llegan a la suela de la sandalia a un Aníbal o un Catón. Además, desde el punto de vista ultrapatriótico, siempre tan de moda también, es innegable que el conflicto afectó en la práctica a muchos más españoles que el que tenemos ahora machaconamente en los medios. Buena parte del ejército de Cartago (en su mayoría mercenario, al contrario que el romano hasta la reforma posterior de Mario) estaba compuesto por personal de aquí, de la península, que como de costumbre se había metido en las tanganas de las potencias como figurantes, pero sin figurar del todo en realidad. Una Esperanza Aguirre de entonces habría dicho: "Ni Hispania ni yo estuvimos en las púnicas", o algo parecido. Pero en fin... que sí. Ya en la época se gritaba visca el Barca en el noreste, refiriéndose al célebre general cartaginés, y la gente se zurraba por ficciones interesadas, por supuestos desplantes y agravios que no ocultaban más que un deseo de hegemonía mediterránea de la aristocracia correspondiente. Vamos, un poco lo que hay hoy, aunque con mucha más acción, donde va ud. a parar, cuatrirremes y elefantes, ¡la caballería númida al ataque!, y la ventaja de que como lo cuentan historiadores dos mil y pico años después y no periodistas a sueldo pues la trama encaja mucho mejor. Se comprenden los "casus belli". O sea que, si quiere dejar volar la imaginación con un buen espectáculo, déjese de payasadas sin sustancia sobre Mas y Rajoy y consuma guerras púnicas, que éstas sí que no defraudan. Es mi consejo.
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